En el Poker, el hombre desprevenido (o la mujer) que sin querer se compromete, en este caso con el pozo, se "mete" también en una situación "embarazosa".
Como todos seguramente lo saben, a este estado se llega cuando las apuestas realizadas sin meditarlo demasiado en las primeras etapas fueron tan importantes con relación al valor en juego o al de nuestro stack, que en las siguientes nos incitan a pagar cifras injustificadas para llegar al showdown.
Hay infinidad de motivos que llevan a ese destino. Uno de ellos, que no se tiene tan en cuenta, es el de natural evolución o progresión de las apuestas.
En el Texas hay cuatro etapas de acción que están indisolublemente relacionadas y lo que hagamos en una influye, irremediablemente, en las siguientes.
Por ello, el primer antídoto para evitar esta situación es "pensar" antes de "hacerlo".
En una ronda, el tamaño de las apuestas pueden ser de los más variados pero ciertos parámetros son aceptados como estándares. Veamos el caso más simple:
Cantidad de jugadores en disputa: 2
Stacks = 100BB
Ciegas = 0,5 - 1
Proporción de raise preflop:3BB
Las ciegas foldean
Proporción de apuestas de las calles posteriores: 100% del valor del pozo
Evolución de las apuestas de una ronda y su efecto en los stacks
| Etapas | preflop | Flop | Turn | River | Total |
| Apuestas | 3 | 7.5 | 22.5 | 67 | 100 |
| Pozo acumulado | 7.5 | 22.5 | 67.5 | 201.5 | 201.5 |
| stack Remanente | 97 | 89.5 | 67 | 0 | 0 |
| % apostado del stack | 3% | 11% | 33% | 100% | 100% |
Tengamos presente que el ejemplo muestra el mínimo de contendientes posible (si hubiera alguno más en juego estaríamos comprometidos ya en el Flop) pese a que los stacks son los máximos autorizados habitualmente para ingresar en una mesa de cash.
Como se aprecia, la progresión más que geométrica de las apuestas sucesivas nos puede descolocar muy rápidamente y muestra que la planificación de una ronda (el compromiso voluntario) debe hacerse, necesariamente, preflop.
Es cierto que en situaciones de compromiso hay poco margen de maniobra, pero siempre hay posibilidades de decidir de manera diferente y sólo los buenos jugadores escapan al impulso irreflexivo.
La misma motivación puede darse en un torneo, cuando abandonar las fichas invertidas podría dejarnos con un stack muy short o con mínimas chances de seguir siendo competitivos.
Sin embargo, como mientras hay vida hay esperanza, no debería "revolearse" una competencia sólo por la posibilidad de sufrir un debilitamiento significativo.
En más de una ocasión hemos visto ganar a quienes quedaron con chances casi nulas, y en infinidad de ellas a muchos que "regalaron" las últimas fichas impulsados por la desazón.
Y uno podría preguntarse: ¿tan trascendente es este condicionamiento como para determinar el resultado en un torneo? Y la respuesta es categórica: sí.
Es quizás el más relevante y, probablemente, uno de los motivos más usuales que "despiden" competidores.
Los torneos tienen la particularidad de ser finitos. Culminan cuando alguien se queda con todas las fichas y, para el resto, a medida que se van "secando".
Por ende, también es finita la cantidad de rondas que se juegan, las que estarán en función del tipo de torneo, la cantidad de jugadores, la estructura de ciegas, la velocidad, etc. No obstante, aunque sean indeterminadas, no dejan de ser limitadas.
Por ejemplo, una competencia de 20 horas de juego efectivo nos demandará participar en aproximadamente unas 500 rondas. Si sólo en una o dos de ellas no podemos evitar una situación de compromiso involuntario quedaremos directamente afuera o notablemente debilitados.
La gravitación de este condicionamiento salta a la vista y, lamentablemente, buena parte de los jugadores no le presta la atención adecuada.
Ahora bien, la segunda pregunta es ¿cuándo estamos comprometidos? o, en otros términos, ¿el parámetro que define el compromiso, es objetivo o es subjetivo?
Lo que nos interrogamos es si cada jugador y/o circunstancia tiene su propio punto de "no retorno" o si existe un número, un porcentaje o un ratio que lo determine de manera genérica.
En nuestra opinión, la pauta de compromiso es individual, no es única, fija ni constante. Cada competidor tiene sus propias exigencias, sus motivaciones, su estilo de juego y, principalmente, un condicionamiento emocional que desencadena sus decisiones.
Otros consideran que hay pautas objetivas "genéricas" y no es menos cierto que las opiniones acerca de estos parámetros están popularizadas y difundidas.
Algunos indicadores tienen un valor universal. Seguramente todos aceptaríamos una apuesta de 1BB para disputar un pozo de 1000BB, aunque ello agote nuestro stack y/o tengamos pocas o casi nulas chances de ganar; el compromiso es ineludible. Y la decisión que adoptaríamos en la situación inversa, tampoco parece difícil de imaginar.
Entre estos extremos, ¿habrá alguna medida que fije esa propensión, aunque sea meramente indicativa? En la literatura se encontrarán proposiciones de las más diversas que, como lo adelantamos, no compartimos.
La elección de una táctica es simple cuando no tenemos juego o cuando llevamos mucho, pero es más compleja cuando no se dan esos extremos.
Y esa decisión, quizás la más importante de una ronda, no se basa sólo en el valor de nuestra mano sino en el de la posición, el tipo de rivales, los stacks, la etapa del torneo que se transita, el tipo de competencia y, muy especialmente, en los estados emocionales
Por eso, antes de entrar en juego en una ronda, preguntémonos si queremos comprometernos "voluntariamente" y antes de construir un gran pozo respondámonos si tenemos la expectativa de llegar a un all in. Nunca al revés.
Si no queremos comprometernos hay que ser "preservativos".
Escrito por José Litvak, distinguido miembro de nuestro foro



