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Sudamerican Poker


La suerte no existe
18/12/2011
Sergio Poker
Conceptos Básicos

La suerte no existe

No debe haber palabra más frecuente en una sala de Poker que "suerte" (o sus sinónimos, más, menos o mucho menos refinados).

Cuántas veces escuchamos: ¡¡¡qué suerte que tuvo ese h........!!! O ¡¡¡ Qué c... roto, tenía cuatro outs y le apareció una!!!! O, quizás la más difundida y utilizada para desmerecer al ganador: ¡¡¡¡ es un fish, pero tiene un o... a toda prueba!!!

Sin embargo, un reo del barrio, con nula formación, pero vivo, tenaz y trabajador, decía que la suerte no "esiste". Lo repetía una y mil veces para defenderse de las conjeturas que atribuían a la buena fortuna, y no a sus cualidades, haber logrado un muy buen nivel de vida.

Este escenario, aparentemente prosaico, exhibe una de las tantas preguntas trascendentales y aun no resuelta en la historia de la humanidad: ¿existe el azar?, ¿existe o no la suerte?

La mitología, la filosofía y la ciencia han abordado este interrogante desde la misma creación y, aún hoy, éste es tan indescifrable como la propia existencia del universo.

- Profe, no me venga otra vez con versos ni explicaciones estrafalarias, tengo años apostando a la quiniela y pierdo y aquél idiota jugó dos veces y ganó una fortuna. ¿Me va a decir que eso no es suerte? Y en el Poker me pasa lo mismo, salió un naipe imposible y me enfermaron. ¿Me puede decir cómo c.... se llama eso?

Se lo respondo. Mi estimado, su forma de ver las cosas se alinea con una posición filosófica tradicional: el "subjetivismo". Para ella, la validez de los conceptos está en cada ser humano, en lo que percibe, en lo que él cree y sobre lo que está convencido. Claro que nadie sabe todo, y algunos poco y nada.

Para quienes están del otro lado del ring, por el contrario, la ciencia lo explica todo, a pesar de que hay infinitas cosas "inexplicables". Si la ciencia dice, por ejemplo, que los extraterrestres no existen, no insista. No importa si está viendo un plato volador o algunos enanitos verdes: todavía no "existen".

Y acá encontramos uno de los primeros aspectos relevantes de la cuestión: el "todavía".

Así como hace 3000 años podía atribuirse a la "magia" o a Dios que el cielo se enojara y lanzara enormes ruidos o desplegara relámpagos de luz, que a más de uno lo habrán matado de temor, con el tiempo, el desarrollo científico lo pudo explicar.

Hace 3000 años, lo que todos veían y escuchaban no "esistía", existió después.

El pobre Sócrates, reconocido como el sabio más importante de su época, pronunció aquella frase célebre: "solo sé que no sé nada". Y lo más grave es que lo dijo convencido. Me pregunto ¿qué nos queda, entonces, al común de los mortales?

Evidentemente, es difícil abordar lo que en distintos campos del saber lleva milenios sin resolverse y, mucho más arduo aún, convencer de ello a alguien.
Pero, cuanto menos, aceptemos que innumerables mentes prodigiosas de distintos ámbitos y disciplinas creen, sostienen y demuestran que el azar no existe.

La palabra deriva del término árabe "az-zahr" (nombre de la flor, actualmente azahar) y se refería a su dibujo que aparecía en una de las caras de los dados.

Hay innumerables e importantísimos exponentes y corrientes convencidas de que los acontecimientos atribuidos por el hombre al azar no son más que una incapacidad física y mental de éste para dominar todas las variables que gobiernan los hechos.

En otros términos, el azar no existe aunque todavía no se lo pueda probar y revelar fehacientemente.

Diversas culturas han tratado de responder al interrogante con argumentos filosóficos y teológicos, sin embargo, el azar no se origina en la filosofía ni en la teología sino, como señala Johab Huzinga, en una institución más remota y elemental: el juego.

Una de las afirmaciones más trascendentes de mi amigo Albert (Tito) Einstein fue: "Dios no juega a los dados". Con esa rotunda frase quiso testimoniar que el mundo no es una formación casual, dentro de las prácticamente infinitas posibilidades que existen.

Anaxágoras dijo: "La inteligencia está en el origen y en el orden de todas las cosas, como un opuesto al azar". Esto significa que todas las cosas tienen una causa comprensible que es absolutamente opuesta a la noción que se tiene del azar. Y, si aún no se la ha encontrado, habrá que esperar. Pero, créalo, es así.

Este planteo no es otro que el de la dicotomía existencial entre casualidad o causalidad. Un motivo de discusión permanente entre filósofos, teólogos y científicos. Son conceptos antitéticos e irreconciliables que, de una manera u otra, rigen nuestra vida y nuestros actos.

¿Por qué nos pasa lo que nos pasa? Algunos piensan que todo está preestablecido y que no se puede escapar al destino. Otros que las cosas ocurren por casualidad.

Ahora bien, quien no se ha preguntado: ¿cómo puede ser que repentinamente pensamos en alguien a quien hace mucho tiempo que no vemos y, enigmáticamente e inesperadamente, nos cruzamos con él? O ¿porqué un pasajero salvó su vida al demorarse para embarcar en el último viaje del Titanic? O, finalmente, ¿porqué apareció la carta que presentíamos claramente  - sabíamos- que iba a salir?

Algunos físicos, muchos del más alto nivel, por ejemplo, responden que la cara del dado que va a salir o el número beneficiado en la ruleta responde al conocimiento que se tenga de los elementos del juego y a la experiencia en su manejo, puesto que la velocidad de rodamiento, la fuerza del tiro, el rozamiento, los movimientos del aire, y todo lo que contribuye a construir las trayectorias, con mayor o menor complejidad, se puede calcular. Desde este punto de vista, lo que se suele llamar azar sería falta de información.

Y esto que parece muy loco, no creo que lo sea para tanto. ¿Cuántas veces los jugadores experimentados afirman que tal croupier "puede poner la bola en el número que se le antoja"? ¿Cuántos juegan a un determinado sector porque saben que allí la "tira"?

Otro ejemplo: si le preguntáramos a un inexperto cuál será la trayectoria de su bola en el próximo tiro de billar, dónde rebotará, a que otras impactará y, finalmente, donde se estacionará, no tendrá forma de responderlo. Para él es totalmente aleatorio. En cambio un profesional nos lo contestará con casi total seguridad.

¿Qué es lo que cambió?: el nivel de conocimiento de las técnicas del juego, que son eminentemente físicas y geométricas. Lo que para uno es azar para otro se explica y predice con conocimientos.

Las matemáticas también ofrecen algunas otras visiones interesantes.

El ejemplo más burdo: si tiramos una moneda al aire en una sola oportunidad saldrá cara o ceca y no hay forma de predecirlo (aparece como puramente aleatorio).

Ahora bien, si la tiramos miles de veces el resultado tenderá a igualar las posibilidades. Y si repetimos ese experimento, los resultados serán similares, con pequeños desvíos (varianza).

Me pregunto ¿dónde está entonces la aleatoriedad, si sabemos de antemano los resultados de una serie de eventos? Si existiera el azar, el desenlace de distintas largas series debería ser diferente, y ello no es así, infaliblemente.

Segunda consecuencia: con esta información, se pueden establecer sistemas matemáticos simples o algoritmos más sofisticados para ganar siempre en cualquiera de los denominados "juegos de azar". Y esto es también así, inexorablemente, salvo que se nos haga trampa, que es lo que, de hecho, hacen los casinos, al recompensarnos en menor medida que las probabilidades matemáticas y al acotar el monto máximo de las apuestas.

Estadísticamente todo está predeterminado y si en alguna oportunidad se verifica el resultado menos probable, éste no deja de ser uno de los previstos en la serie.

- Pero Profe, de qué matemáticas me está hablando si a mí me agarran unas malas rachas en las que haga lo que haga pierdo todo.

Desde ya, eso nos ocurre a todos. Pero las buenas se compensan con las malas. En el mediano y largo plazo no hay rachas en un solo sentido. Lo que se verifica es una distribución asimétrica de los sucesos previstos para toda la serie de eventos. Al final del camino, el resultado es el estadístico.

Ahora bien, estimado lector, si esa mala racha es permanente, quizás lo que deba revisar es su estilo de juego y no atribuirle la desdicha a la casualidad.

Otro punto de vista: muchas personas creen ciega y fervientemente en la suerte, tienen una fe mística. Y para atraerla utilizan talismanes o amuletos o evitan conductas que presumen negativas. Pregunto ¿quién no cree que alguien o algo es "mufa"?

Lo más interesante de esto es que esas conductas demuestran, precisamente, lo contrario.

Esta gente no cree en la suerte, que es imponderable, sino en la energía de sus fetiches o de sus cábalas para provocarla. De esa manera, confían en que aumentan su potencia o las de las inimaginables capacidades que posee la mente humana para forzar acontecimientos.

Por ende, esta gente no creen en el azar. Están convencidos de poseer posibilidades de dominación o inducción de los sucesos futuros.

Algunas de estas facultades (latentes en cada ser humano), estos poderes extra sensoriales, suelen ser tomadas como algo mágico y, sin embargo, han sido reiteradamente reconocidos científicamente y sobran las pruebas.

La Metafísica es la ciencia se ocupa de estas percepciones. Estudia lo que está más allá de la física, más allá de lo perceptible por los sentidos: la denominada "realidad suprasensible".

Por su parte, la psicología sostiene la existencia de una facultad sensorial/intelectiva, esencialmente distinta de las sensitivas, que es diferente entre las personas.

La astrología se basa dogmáticamente en la predeterminación.

Finalmente, quien más avanzó al respecto en los últimos tiempos es la Neurociencia, ofreciendo algunos resultados asombrosos.

Por lo expuesto, estimado lector, yo estoy de acuerdo con "Tito", soy de los que no creen en las casualidades ni en el azar. Como decía mi amigo el reo del barrio, y mal que nos pese: la suerte no "esiste".

Séneca ya lo expresó hace unos cuantos siglos: “la suerte es lo que ocurre cuando la preparación se encuentra con la oportunidad."

Si Ud. no está de acuerdo, le agradecería inmensamente que trate de convencerme, así puedo atribuirle a ella mis magros resultados deportivos de los últimos meses y, de paso,  ahorrarme algunas sesiones de terapia.

Hasta la próxima.

Escrito por José Litvak, miembro de nuestra comunidad

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