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Sudamerican Poker


Racionalidad y emociones
25/11/2011
Sergio Poker
Conceptos Básicos

Racionalidad y emociones

En esta primera entrega de la "columna" con la que me han honrado, me ocuparé de un tema que, precisamente, "sufrí" la semana anterior en el torneo del CAP de Rosario y que, pese a todo lo escrito y conocido, no deja de tener una influencia decisiva en el rendimiento de los jugadores de Poker.

Cinco minutos antes de la iniciación del evento recibí un mail con un mensaje familiar perturbador. Esos que, a la distancia, conmueven aún más, por la impotencia que genera la lejanía.

Las experiencias de vida y el entrenamiento que dan los años para sobrellevar estas situaciones me posibilitaron no salir primero pero sí cuarto. Efectivamente, a los quince minutos de iniciada la competencia ya estaba eliminado, únicamente por efecto del estado emocional.

El Poker es un deporte mental que requiere concentración y temple. Se deben tomar decisiones permanentemente, bajo presión, en muy corto tiempo y durante jornadas prolongadas. De nada vale toda nuestra sabiduría, conocimientos y experiencia si no podemos dominar las emociones.

Y este concepto es tan obvio como fútil. Nadie puede contenerlas (salvo algún "yogui" o un marciano).

Las emociones son espontáneas, no son especulaciones intelectuales y no pueden  dominarse. Lo que algunos sí pueden lograr es que ellas no lo apabullen.

No se trata de no sentir, sino de evitar que influyan en nuestras decisiones y de lograr ser lo más racionales posibles al pensar y al analizar cada jugada.

Un buen jugador debería poder adquirir suficiente autodisciplina para mantener cierto equilibrio emocional.

En este deporte se experimentan situaciones más vertiginosas y cambiantes que en la vida real y si, además, no podemos desligarnos de las vicisitudes extradeportivas, no hay otro resultado que el fracaso.

El factor dinero también supone un gran peso. Si nos la pasamos controlando permanentemente nuestro bankroll, también estaremos comprometidos emocionalmente.

El primer paso para evitar los efectos devastadores del descontrol es el autoconocimiento, que, en la mayoría de los sujetos, dentro y fuera de la mesa de Poker, lleva años.

Los nervios, las frustraciones, el miedo, la ansiedad, la euforia, el ego, el orgullo, la ira o la lástima, entre tantos otros sentimientos, condicionan el rendimiento deportivo (y si creemos que no son tan influyentes, podemos consultarle a Tiger Woods).

Cada persona es un "mundo" y cada jugador reacciona a su manera. A la vez, cada emoción distorsiona su juego de manera diferente, aunque se advierten determinados patrones o conductas comunes que suelen experimentase en la mesa si no los controlamos.

Un jugador enojado tiende a despilfarrar su dinero o, peor aún, si desea “vengarse” de otro, podría intentar jugar manos que no le convienen, sólo para demostrar que puede vencerlo.

Al igual que alguien frustrado, pero con otra connotación emocional, puede jugar con esa sensación del “ya nada me importa”, en forma excesivamente loose-pasiva y sin meditar demasiado sus jugadas.
 
El miedo y la frustración bajan la autoestima, pero el extremo opuesto es más dañino. El problema de jugar creyéndonos invencibles, excelentes o “los mejores” lleva a cometer graves errores.

Las malas rachas, los bad beats u otras situaciones desfavorables, suelen generar una sensación de que “el juego está en contra nuestro”, que no es nuestro día o que somos unos fishes, generando una pérdida de confianza en nosotros mismos.

Un jugador que se siente desafortunado puede llegar a foldear manos excelentes, a evitar raises o, en definitiva, a jugar con miedo y a no darse cuenta cuando tiene buenas perspectivas y cuando las odds le son favorables. Se asume como perdedor y no lee el juego correctamente.

Por el contrario, sentirnos optimistas por demás por una buena racha u otros motivaciones, puede inducirnos a evaluar nuestras posibilidades con mayores perspectivas de las que realmente tienen y embarcarnos en juegos que no tienen futuro, sobreestimando las chances.

La cantidad de desaciertos que el ego nos puede ocasionar son variados, pero todos dañinos.

Entraremos en más rondas que las aconsejables, llegaremos a instancias no recomendables, pagando para concretar proyectos que nunca se concretan, y aceptaremos apuestas con manos que deberíamos foldear.

En estos casos la sensación de abandonar una ronda es como la de "rendirse" y, a muchos, el estado de euforia, o el ego excesivo lo condicionan negativamente.

Para la mayoría de los seres humanos, reconocer y aceptar las limitaciones propias es difícil, doloroso y es un aprendizaje que lleva tiempo.

La vanidad también nos puede arrastrar a "enroscarnos" en apuestas donde no podemos ganar a continuar en mesas cuando sabemos, en el fondo, que todos los jugadores nos superan, o impulsarnos a subir de nivel cuando no es el momento indicado.

Finalmente, marcamos otros dos errores que cometen los jugadores "narcisistas" y que provienen de la necesidad de demostrar fuerza o conocimientos (que tal vez, incluso, no tengan) y de instalar en la mesa una sensación de que saben más o de asumirse como un pro (sin embargo, un profesional no cometería estos errores).

El primero es hacer jugadas titánicas para impresionar a los oponentes, como bluffs exuberantes pero fuera de tiempo o lugar, o seguir con draws con mínimas chances de concreción, con el íntimo objetivo de propinar un bad beat histórico y sorprendente.

Los buenos resultados con esas jugadas fantásticas se darán rara vez y lo más probable es que perdamos mucho dinero.

El otro es dar demasiada información. Por ejemplo, aconsejando al resto acerca de cómo jugar, reprobándolos y haciéndolos sentir como fishes cuando juegan mal, o ayudándolos con el fin de que los demás nos vean como los “grandes maestros”.

Me pregunto ¿podemos realmente ayudar a alguien a jugar mejor? ¿Quién está en condiciones de hacerlo? ¿Cuál es el beneficio? ¿Alguien puede imaginarse a Federer corrigiendo o aconsejando a Nadal después de errar un "passing" inesperado?

En cualquier deporte ganamos gracias a nuestros aciertos y a los errores de los demás. Con las "clases" se beneficia nuestro ego y se achica proporcionalmente el stack.

En resumen, las emociones, como hemos dicho al principio, son inevitables. Somos seres humanas. Nos aparecerán todo el tiempo.

Una de las claves es lograr que no nos dominen y evitar que despierten en nosotros el peor juego: que afecten nuestras decisiones.

Les aseguro que no es fácil y es un "trabajo" que lleva mucho tiempo y dedicación.

Escrito por José Litvak, distinguido miembro de nuestra comunidad

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